Entrevista a Mauricio Neblina por Javier Moro Hernández

Siguiendo la premisa de que toda utopía termina convirtiéndose en distopía, La marca del mexicano es el primer libro publicado por Mauricio Neblina (Estado de México, 1993): una novela policiaca con un toque de ciencia ficción, que es además una sátira cruda de la realidad de un pueblo dominado por la corrupción y la violencia. 

Gozoso debut de este joven narrador mexiquense, la novela publicada por Ediciones Periféricas en su Serie RedRum, está dividida en dos microcosmos que funcionan como espejos: San Bartolo’s Bar y Los Imperfectos. En la primera parte, seremos testigos de la llegada de Héctor Valladares como el nuevo comandante de la policía de San Bartolo, un pequeño pueblo que simboliza a muchos en la geografía nacional que han sido dominados por la delincuencia organizada con el cobijo de las altas esferas del poder político. 

La segunda parte es protagonizada por el detective privado Artur, un personaje que se siente más cómodo en la oscuridad de un bar de mala muerte, pero que recibirá la solicitud de ayuda de Valladares que ha quedado en medio de una disputa de poder.

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La marca del mexicano es un llamado de atención de la podredumbre que carcome a la sociedad. Este llamado de atención se da a través de una narración intensa, de capítulos cortos, que buscan dar un golpe al lector, para que abra los ojos, para que contemple la decadencia de una sociedad que, como la mexicana, se solaza en su hedonismo y en su corrupción. 

Su autor confiesa que el origen de su novela surge en su etapa como universitario: “Tenía una visión de la vida más inocente, pero fue justamente en las elecciones de 2012, porque fue un momento en el que tuve un momento de profunda reflexión, de aprendizaje, de abrir los ojos y darme cuenta de la podredumbre del mundo en el que vivimos. Digamos que mi punto de vista se volvió bastante pesimista. Es ahí en donde empieza a germinar el mundo de La marca del mexicano. Ahí surge la semilla, pero el proceso de escritura de la novela llevaría bastante tiempo”.

Entre sus intenciones, Neblina asegura que pretendió “señalar a todas estas instancias de justicia que están coludidas para apretar y ahorcar a una sociedad que, de por sí, nunca va a alcanzar una libertad plena”. Por el contrario, dice, “todas estas instituciones sirven para ahorcarnos, para apretarnos, sesgando nuestro punto de vista: la actual pandemia es un ejemplo de ello, porque se nos restringieron los movimientos, por salud pública, pero eso nos habla también de una libertad cada vez más coartada”.

En ambos relatos, Neblina traslada los problemáticas como la inseguridad, la impunidad y la violencia que asolaron al país en las última década. Rememora unas palabras de Leonardo Da Jandra: “Algo que quise hacer fue representar lo general a partir de lo particular, concentrar las problemáticas de todo un país, a partir de una situación en un pueblo ficticio como es San Bartolomé. Aunque  el pueblo que da sustento a San Bartolomé sí existe, pero me permití ciertas licencias para  transformarle con ciertas características que le funcionaban a la historia.

Respecto a la impunidad con la que se desenvuelven ciertos personajes de La marca del mexicano, Neblina añade: “Hasta el personaje llamado Muñeco, que es el último eslabón de la cadena criminal, sabe que, a pesar de todas las tropelías y crímenes que pueda cometer por órdenes de sus jefes y para beneficiarles, no le va a pasar nada, porque los que cometen crímenes en México tienen ciertos beneficios. Por eso es justo toda esta impunidad que existe otra de las partes que nos debería molestar como sociedad. Porque tenemos gente que hace tratos sucios y los que pagamos las consecuencias, los que terminamos jodidos, somos los ciudadanos. Sin embargo, hay que decir, que también nosotros hemos caído en esa impunidad, porque vivimos en ese sistema de corrupción e impunidad, nosotros también nos hemos aprovechado de ese sistema, también vivimos bajo ese sistema impune creyendo que no nos va a pasar nada, no vamos a tener consecuencias legales de nuestros actos de corrupción. Ese es el mundo en el que vivimos y es el mundo que quise señalar en la novela, para que pueda causar una reflexión en los lectores.

Sobre el personaje de Héctor Valladares, un comisario de poca monta, Neblina sostiene que “en la literatura negra mexicana tenemos que crear personajes policíacos completamente mexicanos, algo que podamos reconocer: policías son similares a Valladares, que saben que viven en un sistema como el nuestro, que viven en un país con características buenas y malas, y que se pueden tomar ventajas de esas mismas características. Por otro lado, creo que viene representar ciertas características mías en el sentido de que es un tipo que se deja llevar por la vida, por el mundo, hace las cosas de su trabajo a medias, porque sabe que cumpliendo ya está del otro lado, y lo que quiere es gratificación, un poco de placer, vivir en el hedonismo, es decir, que se toma su tiempo para ligar, para ir a beber, mientras está de servicio. Él está en el trabajo y puede decidir irse a beber con Eugenia, y eso es algo que muchas personas hacemos, que es no tomarnos las cosas tan en serio en nuestra chamba, nos damos ciertas libertades, porque hay gente que se toma el trabajo muy en serio, hay otras que se toman ciertas libertades, y en ese sentido Valladares se parece un poco a mí y un poco a la realidad de allá afuera de nuestra justicia”.

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La marca del mexicano nos habla de una sociedad que resuelve sus conflictos a través de la violencia. “En el caso de Juan Pablo y de Mauricio, al no confiar ni en la policía, ni en Valladares, empiezan a tomar justicia por su propia mano, por todo el coraje que guardan hacia los delincuentes que se han apoderado del pueblo, toda esta oscuridad que guardan, este rencor que guardan, lo tienen que sacar de alguna forma, porque saben que la justicia no va a llegar. Así como pasa con la justicia en nuestro país, porque muchas personas saben que la justicia no llegará, porque además vivimos en el país de los desaparecidos, por ejemplo. Hay un dato que me gusta resaltar: el último capítulo se llama Desaparición forzada. Eso fue totalmente a propósito, justo para dejar un guiño y un recuerdo de dónde y cuál es el país en el que vivimos, porque sabemos que la justicia no va a llegar por sí misma y, en ocasiones,  se debe tomar por nuestra propia cuenta.

Para Neblina, la literatura también es testimonio de la realidad: “Creo que toda obra nace de las inquietudes y necesidades del autor. En este caso, me atrevería a decir que sí tengo un compromiso con la sociedad, pero, sobre todo, con mi generación. Tengo un compromiso con mis amigos, con mis compañeros, con la gente que conozco, para ir sembrando ideas, para ir sembrando inquietudes, reflexione. Es decir, creo que si uno busca algo mejor hay que hacer cosas para que eso suceda. Aunque claro, se guardan las proporciones, por supuesto, porque en lo absoluto pienso que mi libro cambiará el mundo, aunque sí considero que La marca del mexicano puede ser una memoria de lo que está pasando en nuestro país.

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