Historia de amor y venganza, Negra Semana Santa representa el debut literario del periodista musical David Cortés a través de la mirada de ‘Mauro Quiñones Balcázar’, también conocido como “Punto y Coma”, un hombre solitario, roto.

El territorio vital dentro de la novela es un submundo marginal de una urbe idealizada: las calles del Centro, Tepito y Garibali. Recorrerlas oxigena la vida gris de Quiñones, extraviada entre recuerdos y una pesadumbre constante, como una lluvia intermitente. No es fortuito que durante los días de la semana, la ciudad se vea acosada por la precipitación interminable.

La cantina, la otrora súper tienda de discos, el congal, son los espacios que conforman este submundo, el cual Quiñones habita sensorialmente por mediación de la música, principalmente del rompeteclas Eddie Palmieri. No es casual que Quiñones termine atraído por la cantante de El Fistol de Oro.

—¿A qué debemos el honor, Punto y Coma?

—Acá, nomás tristeando, Fierros.

—¿Vienes por la nueva?

—La cantante…

—Tiene la piel pegada a los huesos.

Conocía los gustos de Fierros. Lo suyo eran las mujeres frondosas, hembras de abundantes carnes, esas que parecen licuadoras cuando bailan porque todo se les agita y amenazan con, literalmente, engullirte si se te pegan al cuerpo.

—Delgada y guapa, ¿verdad?

—Yo no la sacaba a la calle, pero canta chingón, parece querubín.

—Tú nunca has escuchado cantar a un ángel.

—¡Papá! ¿A poco tú sí? Ay, ay, ay, con el finito…

Me golpeó en la espalda y me sacó el aire. Imaginé que una de sus manazas me atenazaba por la garganta y le bastaban dos o tres segundos para asfixiarme. Definitivamente había que estar loco o ser muy pendejo para hacerse de un enemigo como Fierros. 

 + Lee una entrevista al autor publicada en Revista Marvin

+ Lee un adelanto publicado en Proceso

 

Quiñones es una especie de “detective sentimental”, es decir, un investigador de infidelidades. Y como detective, encaja justo en el estereotipo definido por Raymond Chandler:

Lo importante es que el detective exista completo y entero y que no lo modifique nada de lo que sucede; en tanto detective, está fuera de la historia y por encima de ella, y siempre lo estará. Es por eso que nunca se queda con la chica, nunca se casa, nunca tiene vida privada salvo en la medida en que debe comer y dormir y tener un lugar donde guardar la ropa. Su fuerza moral e intelectual es que destruirá al malvado (…). En ocasiones quebrantará la ley, porque él representa a la justicia y no a la ley. Puede ser herido o engañado, porque es humano; en una extrema necesidad puede llegar a matar. Pero no hace nada por sí mismo. Obviamente, esta clase de detective no existe en la vida real…

Esta triste historia de amor es precisamente un romance entre un diletante investigador de infidelidades y una mujer, Laura Lima la Morocha, propensa a las adicciones. Un romance que se ve violentado por el inexplicable crimen de la cantante. Homicidio que Quiñones se ve en la obligación de encarar como la pérdida de una parte primordial de sí mismo.

Indagará e incluso, buscará cobrar venganza de lo sucedido a la Morocha sin sabe que las piezas extraviadas de dicha pesquisa se pueden dilucidar entre sus maltrechos recuerdos.

 

Pese a estar ambientada en un México convulso, en Negra Semana Santa se evita el comentario político, trasciende lo protestatario para describirnos un estado de ánimo ante un estado represor. Podríamos asegurar que en la ópera prima de Cortés Arce hay un vínculo con aquel romanticismo que pondera la soledad y la melancolía. 

Una novela que nos habla de una época donde la barbarie social que hoy vivimos a consecuencia de la violencia apenas sufría sus primeros desgarramientos.

 

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